Joaquín
No podía dejar de pensar en el sueño.
Fue tan real, tan vívido, que hasta el más pequeño detalle parecía estar impregnado en mi mente y en mi piel.
Camila y yo, en una cena romántica.
La luz tenue de las velas, el sonido lejano de una música tranquila de fondo. Sus ojos brillaban cuando me miraba, y cada vez que sonreía, algo dentro de mí se agitaba, como si todo mi cuerpo respondiera a ella de manera automática.
Nos reímos, hablamos de todo y de nada al mismo tiempo.
Yo no podía aparta