Joaquín
Después de la sesión maratónica de amor con mi esposa, porque cuando Camila se pone romántica y mandona, no hay cuerpo que se resista, bajé a la cocina a buscar agua.
Todavía sentía las piernas como gelatina, y me ardían los músculos que ni siquiera sabía que tenía.
Estaba con el torso desnudo y unos pantalones deportivos que me había puesto a las apuradas, porque si seguía acostado ahí, entre las sábanas arrugadas y el perfume de mi mujer, no me iba a parar... lo que significaba que