De repente, voces infantiles de entre en denso bosque los sacaron de su ensueño.
-¡Ey! —gritó un niño, mirándolos con los ojos muy abiertos—. ¿Qué hacen aquí?
Ambos abrieron los ojos, sobresaltados. Frente a ellos había dos niños, uno de unos catorce años y una niña de diez. Diógenes que estaba sentado en la arena, se levantó primero.
—Eso mismo les pregunto.
Los miran de arriba abajo y tienen pinta de turistas.
—Se supone que esta zona es nido de tortugas, está prohibido ¿Cómo llegaron aquí? —