Diógenes se pone más nervioso. Quisiera simplemente abrazarla y consolarla por todo lo que pasó. Quisiera decirle que no está sola. Y estar con ella amándola y pidiendo perdón el resto de su vida por no poder protegerla y ser el causante de todos sus males.
—No, necesitas un aliado—dice él finalmente.
—Tampoco.
—Quedamos cómo amigos, pero déjame estar presente en la crianza y desarrollo de mi hijo.
Ella lo miró por encima del escritorio y negocio con la cabeza.
—Eres incorregible.
—Y tú irresis