El aire frío de la noche acariciaba mi rostro, pero apenas lo sentía. Las palabras de la abuela resonaban en mi mente, Ricardo ha sido detenido… Álvaro está en la mansión. Después de semanas viviendo entre sombras, engaños y el peso de un contrato que me obligaba a fingir, parecía que la oscuridad empezaba a disiparse. Pero lo que más me ocupaba el pensamiento no era la noticia, sino los sentimientos que empezaba a florecer.
Andrés tomaba mi mano cada vez que podía. Su tacto era cálido, reconfo