El silencio en el despacho se volvió denso, casi pesado, después de que Leonardo nos diera la noticia. Alguien dentro de esta casa, alguien que había vivido entre nosotros, que había servido a la familia durante años, estaba del lado de Ricardo. Sentí cómo la mano de Andrés apretaba la mía con más fuerza, como si quisiera transmitirme que no tenía nada que temer mientras estuviera a su lado.
Álvaro nos miró a todos con calma, aunque pude notar la tensión en sus hombros. Era un hombre que había