Pasé toda la noche despierta.
No podía dejar de pensar en la biblioteca. En el momento en que nuestros brazos se cruzaron. En su mano rodeando mi muñeca. En sus ojos recorriendo mis labios. En el aire que se volvió denso, espeso, como si el tiempo se hubiera detenido.
¿Qué había estado a punto de pasar?
La pregunta me daba vueltas. Una y otra vez. Como un eco que no se apagaba.
A las dos de la madrugada, me rendí. Me levanté, bajé las escaleras en silencio y fui a la cocina. La luz estaba encen