Me quedé en la cama mucho tiempo después de apagar la luz. Las sábanas me quemaban. El recuerdo de su mano en mi muñeca, de su mirada bajando hasta mis labios, de aquel milímetro que nos separó del beso.
Qué había estado a punto de pasar.
La pregunta me daba vueltas. Y no tenía respuesta. O sí, pero me daba miedo admitirla.
A las dos de la madrugada, me levanté. No podía dormir. Bajé a la cocina con la esperanza de que un vaso de agua me calmara los nervios. Pero al doblar la esquina del pasill