Se levanta y, otra vez, ese gesto sencillo que no pasa desapercibido: se adelanta y me abre la puerta. No exagera, no lo hace para lucirse. Simplemente lo hace. Y ese detalle pequeño se me queda clavado más de lo que debería.
Salimos a la oficina general. Erik se detiene y alza un poco la voz, lo suficiente para que todas lo escuchen sin necesidad de gritar.
—Chicas, un momento, por favor.
Poco a poco se acercan. Dos secretarias que reconozco como su equipo directo y otras mujeres de dist