Capítulo 41

La ciudad se desliza detrás de las ventanas. Las luces dibujan reflejos fugaces en el parabrisas. Dentro del coche el aire parece más tibio, más cerrado.

—Podría llevarte a casa —dice finalmente.

No me mira del todo.

No suena convencido.

Giro el rostro hacia él.

—¿Quieres hacerlo?

No es una pregunta inocente. Es un desafío suave.

Aprieta ligeramente mi mano.

—No estoy seguro de que sea buena idea que termine la noche todavía.

Mi corazón late con má
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