Pasaron dos días desde el accidente. Hellen se sentía mucho mejor, y Nicolás no se había separado ni un solo instante de su lado. Le llevaba la comida, la ayudaba a ducharse, le leía en voz baja por las noches y le acariciaba el cabello hasta que se dormía. Su trato era tan dulce, tan tierno, que ella no podía evitar sentirse profundamente amada.
—¿Te gustarían unas vacaciones? —preguntó él una tarde, mientras le ofrecía una taza de té.
Hellen dejó la taza a un lado y lo miró con cierta sorpres