Julio sonrió con cinismo mientras Raquel lo observaba con creciente preocupación. En la televisión, las noticias no dejaban de repetir lo del accidente. Las imágenes eran impactantes, y aunque los detalles eran escasos, la gravedad del asunto era evidente.
—Dime que no fue obra tuya —le exigió Raquel, con voz temblorosa.
—¿Para qué negarlo? —respondió él con arrogancia, encogiéndose de hombros—. Desgraciadamente, sigue viva.
—¿¡Acaso estás loco!? —espetó ella, horrorizada.
—Sabes que no voy a d