Cecilia había estado analizando cada movimiento desde las sombras, con paciencia. Sabía que en toda partida de ajedrez hay piezas débiles, piezas que pueden quebrarse bajo presión. Y Katerin era una de ellas. Por eso, movió sus influencias para convocarla a una reunión "casual", sin levantar sospechas.
Katerin llegó al elegante café de la ciudad sin imaginar lo que le esperaba. Llevaba una blusa entallada y su clásico aire arrogante, ese que usaba como escudo para esconder su nerviosismo. Se se