Hellen permaneció sentada junto a la cama unos minutos más, observando el rostro pálido de Nicolás. Su respiración era débil pero constante, el sonido de las máquinas a su alrededor le recordaba que, por ahora, él seguía con ella. Se obligó a soltarle la mano lentamente, como si temiera que al hacerlo su esposo pudiera escapársele entre los dedos.
Afuera, en el pasillo, varias personas esperaban turno para verlo. Todos querían darle palabras de ánimo, desearle una pronta recuperación, demostrar