Hellen caminaba de un lado al otro en la sala de espera, como un animal enjaulado. Sus tacones resonaban contra el piso, pero no lograban acallar el dolor que le oprimía el pecho. Sentía que el aire se le escapaba, como si cada respiración fuera una lucha. No podía quedarse quieta, no podía dejar de pensar en lo que estaba pasando detrás de esas puertas cerradas.
Michel permanecía sentado, los codos apoyados en las rodillas, con la mirada clavada en el suelo. La sombra de la preocupación le end