Los días comenzaron a transcurrir lentamente para Hellen, pero no por aburrimiento, sino por la emoción de preparar la fiesta sorpresa para Nicolás. Cada mañana se levantaba temprano, revisaba los detalles, coordinaba llamadas y se reunía con la organizadora que había contratado. Sin embargo, se había reservado el placer de escoger ella misma las cosas pequeñas: los manteles, las servilletas, los adornos de mesa y algunas luces especiales que quería colocar en el jardín.
—¡Estos centros de mesa