Tatiana sostenía la copa con elegancia fingida, sentada en uno de los bares más exclusivos de la ciudad. Las luces tenues y la música suave no lograban calmar la tormenta que llevaba dentro. En su celular, las imágenes de Hellen caminando de la mano con Nicolás y los trillizos por las calles de París la hacían hervir de rabia. Las fotos eran perfectas, capturaban sonrisas, besos y complicidad. Los medios ya hablaban del "matrimonio del año", de "la familia perfecta".
Ella, en cambio, estaba sol