El celular de Hellen vibró con insistencia. Ella lo tomó con rapidez, sin siquiera mirar la pantalla, y contestó. Al otro lado de la línea, la voz de su madre era apenas un susurro entre sollozos y desesperación.
—¡Hellen… hija, por favor! Hay policías en la casa… dicen que tenemos que desalojar… ¡que la propiedad ya no nos pertenece!
El corazón de Hellen se detuvo un instante. Sintió que el mundo giraba más lento, que el aire le faltaba.
—¿Cómo dices mamá? —su voz tembló, apenas contenía el pá