Tatiana estaba sentada en el sofá de terciopelo blanco, con la mirada perdida en la pantalla de su celular. Las notificaciones no paraban, pero ninguna era de sus antiguas amigas. Algunos mensajes eran burlas disfrazadas de preocupación, otros eran insultos directos. El escándalo en el que estaba envuelto su esposo había salpicado su nombre, y la alta sociedad no perdonaba fácilmente.
Soltó un suspiro cargado de frustración y rabia contenida. Esa noche se celebraría la gala benéfica más importa