El sol apenas asomaba por el horizonte cuando Julio se despertó en su lujoso departamento. Sus sábanas de seda estaban arrugadas, pero él no había dormido ni un poco. Tenía ojeras pronunciadas, pero no de culpa, sino de ansiedad. Se sentía inquieto, frustrado, molesto incluso. No por lo que había hecho, sino porque Nicolás no había ido a buscarlo, no lo había llamado, no había intentado explicarse con él. ¿Acaso después de todo lo que compartieron, lo iba a dejar solo en medio del problema?
Cam