Hellen respiró profundamente, bajó del taxi y miró hacia atrás, como si por un segundo hubiera considerado la idea de correr y regresar. El aire fresco le golpeó el rostro, una mezcla de brisa marina y el ruido lejano de la ciudad. Se colocó unas gafas oscuras para ocultar no solo sus ojos, sino también sus emociones. A su lado, Cecilia le dio unas suaves palmaditas en la espalda.
—Estarás bien —dijo con una sonrisa tranquila—. Solo necesitas unos días lejos del caos.
—Lo estaré —respondió Hell