El silencio de la habitación solo era interrumpido por el pitido rítmico del monitor cardíaco y la respiración pesada de mi hermano. Desde mi silla en la esquina, observé la escena con precisión clínica, pero con el corazón encogido de un hermano. Adeline dormía recostada sobre el pecho de Damián. Él tenía los ojos cerrados, una mano enredada en el cabello de ella y la otra aferrada a la barandilla de la cama, como si temiera que el suelo se abriera y se la tragara si la soltaba.
Miré a la chic