La respiración de Valentino era un silbido asmático en el silencio del búnker. Su dedo índice, suspendido a milímetros de la pantalla de la tableta, temblaba incontrolablemente. Miró la combinación marcada: 0-5-2-. Solo faltaba el 4. El cumpleaños de Adeline. La lógica que el abuelo Carson habría usado para su "luz", para la única pureza que le quedaba en su mundo de sombras.
—Tiene que ser el cuatro —siseó Valentino, convenciendo a su propia paranoia—. Es la única constante en la vida de ese d