El búnker, antes sumido en un silencio clínico, estalló en un caos de sonidos metálicos y jadeos desgarradores. El cuerpo de Adeline se arqueó con una violencia inhumana, sus músculos tensándose contra las correas de cuero hasta que el material crujió, a punto de ceder. No era una reacción alérgica; era su sistema nervioso siendo reconfigurado a la fuerza por el químico azul.
Valentino, que un segundo antes saboreaba su triunfo, retrocedió un paso. Sus ojos se abrieron con horror al ver que las