En el estudio, el aire era tan espeso que costaba respirar. Adeline sintió el brazo de su padre sobre sus hombros como un peso insoportable, una ironía cruel mientras Aurora la observaba con ojos de depredador sobre el hombro del hombre que ambas llamaban papá.
—Papá, yo... necesito aire. Me siento mareada por todo lo que pasó en el jardín —balbuceó Adeline, apartándose con una urgencia que rozaba el pánico.
Su padre, nublado por su propio dolor, asintió sin cuestionarla. Adeline no esperó un s