La atmósfera en el estudio se volvió asfixiante. El sonido del papel rasgado aún vibraba en el aire cuando Adeline, con los ojos empañados por la culpa, bajó la mirada hacia los restos de la fotografía en el suelo. Fue el error más grande de su vida: apartar los ojos de su hermana.
Aurora no esperó. El resentimiento que había alimentado durante décadas, esa sed de justicia retorcida que la foto había terminado de despertar, explotó en un movimiento felino. Su mano voló hacia el escritorio y