Narrado por Brienna
Me desperté con una sombra cerca, el cuerpo pesado por el agotamiento de los días pasados, y por un segundo pensé que era él, Lucan, acurrucado a mi lado como en las noches anteriores, su calor alfa envolviéndome en esa burbuja que había borrado el mundo exterior. Pero algo no encajaba, el aire se sentía más frío, más vacío, y abrí los ojos despacio, parpadeando contra la luz grisácea que se colaba por las cortinas de la cabaña, el corazón acelerándose con un presentimiento que me apretaba el pecho como una mano invisible.
Ahí estaba él, de pie junto a la cama, una figura alta y sólida que me miraba con expresión calmada, pero vestido completamente, la camisa abotonada hasta el cuello, los pantalones ajustados y las botas puestas, esas botas gruesas que crujían contra el suelo de madera y que gritaban que se iba, que todo esto terminaba de golpe.
Me incorporé despacio, el cuerpo dolido por los encuentros constantes, los músculos protestando con cada movimiento,