Narrado por Drex
Desde que abrí los ojos, el mundo fue un torbellino de dolor y urgencia.
La habitación giraba a mi alrededor, luces blancas perforando mi cráneo como cuchillos. Mi cuerpo estaba pesado, entumecido, como si me hubieran inyectado plomo en las venas. Pero no importaba. Lo primero que sentí fue a ella. Brienna. Su presencia era un tirón débil e inconfundible en mi pecho, como un hilo tenso que me jalaba hacia adelante. Estaba cerca. Viva. Pero herida. Muy herida.
Me incorporé de gol