Narrado por Brienna
Han pasado solo siete horas desde que me inyectaron ese suero, y ya siento la diferencia. No es un cambio dramático, no es que de repente pueda correr o gritar sin que me duela la garganta, pero sí es real.
El dolor que antes era un cuchillo clavado en cada movimiento ahora es un eco sordo, como si alguien hubiera bajado el volumen del sufrimiento. Mis costillas, que antes crujían con cada respiración, se expanden sin protesta. El hematoma en la cabeza, ese peso que me hacía