Narrado por Lucan
La escena en la cocina se sentía como el clímax de todo lo que habíamos vivido en esos días de tormenta, con Brienna arrodillada frente a mí en el suelo frío de baldosas, su cuerpo desnudo temblando ligeramente por el agotamiento acumulado y el deseo que no nos daba tregua, y yo de pie ante ella, la bandeja de liebre al horno aún caliente en una mano, el aroma de la carne asada llenando el aire mezclado con el nuestro.
Su mirada subía hacia mí con esa mezcla de sumisión y hambre que me volvía loco, sus labios entreabiertos, rosados e hinchados por los besos previos, y yo sentía mi polla endurecerse más al verla así, vulnerable pero ansiosa, sus pechos subiendo y bajando con respiraciones rápidas que me recordaban lo mucho que su celo nos había unido, lo mucho que yo le reclamaba cada parte de ella sin piedad.
La había hecho arrodillarse después de dejar esto en el horno y tomar un baño juntos, y ahora aquí estábamos, yo sosteniendo la bandeja con los trozos jugoso