Narrado por Brienna
Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano, el cuerpo aún temblando por los sollozos que me habían dejado la garganta en carne viva, y me obligué a levantarme de la cama, sintiendo el suelo frío bajo mis pies descalzos; el mundo seguía girando, aunque el mío se hubiera detenido de golpe.
El miedo aún me apretaba el pecho, un nudo que no se deshacía, pero mientras recogía mi ropa esparcida por la habitación, con movimientos lentos y mecánicos, empecé a pensar en lo que i