—Toque el timbre y no contestaste. Tengo una llave para emergencias, así que decidí entrar —se encogió de hombros con absoluta calma—. Estoy a cargo de tu seguridad, Olivia.
—¿Seguridad? ¡Eso no te da derecho a irrumpir en mi casa sin permiso! —protestó, retrocediendo unos pasos.
Alan no apartó la mirada de ella, recorriéndola con descaro. Olivia sintió que su piel ardía bajo esos ojos color miel, intensos y peligrosamente atractivos.
—Por cierto, tengo muy buena vista —añadió con tono divertid