El médico que atendía a Ava fue tajante en informarle que debía permanecer un mes en el hospital para un monitoreo constante de los bebés. Sin embargo, Ava insistió en que estaría mejor en casa. Después de varios argumentos, el doctor cedió, pero con la condición de que él mismo acudiría diariamente para revisarla. Los pequeños aún estaban en riesgo, pero Ava se aferraba a la esperanza de que, en la tranquilidad de su hogar, estarían sanos y salvos.
Mientras tanto, Dante se ocupaba de los trámi