SORA CAPRICHOSA.
Konrad estaba decidido a aprovecharse de su hija. Ella poseía un poder que jamás habría imaginado, aunque aún no tenía un plan concreto. Solo supo qué hacer cuando las largas piernas de Sora aparecieron frente a él.
—¡Sora!
—¿Qué pasa, papá? —respondió mientras se servía una cerveza.
—Debes saber algo —dijo, mirándola fijamente a los ojos. Una oleada de ideas cruzó su mente. Su hija era demasiado hermosa como para desperdiciarse al lado de cualquier don nadie.
—¿Qué quieres ahora? No tengo dine