Lyra no esperó al día siguiente para hacer lo que Kael le había sugerido. Tenía razón: mantener a unos niños en su apartamento sin la autorización de sus padres era arriesgado en el mundo humano. Aun así, Rose le proporcionó todos los números de contacto posibles para localizar a los padres, pero era como si se los hubiera tragado la tierra.
—Escúcheme, ¡son solo unos niños! ¿Qué le pasa? Son sus sobrinos, por favor… —exclamó Lyra, frustrada, al hablar por teléfono con uno de los tíos.
—Mire, n