Mirkay observó su reflejo en un charco de agua estancada. Deslizó un dedo por la oscura llaga de su rostro, mientras una tormenta de sentimientos violentos se apoderaba de él.
—¡Maldito Kael! Me las vas a pagar —gruñó, enderezándose con decisión antes de continuar su camino. Tenía claro su destino.
Muy lejos del reino se encontraba la manada bajo el mando de Konrad Levy, un antiguo alfa a quien Mirkay conocía bien. Sabía que ese viejo lobo era el padre de Lyra, y sin pensarlo dos veces, fue dir