Fabián, queriendo marcar su territorio una última vez antes de retirarse, se acercó a ella y le depositó un beso lento y sonoro en la mejilla, justo al lado de su oído.
Adrián, que ya había caminado hacia la entrada de su oficina para recoger su portafolio, vio el gesto a través del reflejo de la puerta de cristal. Sintió un arrebato de celos tan violento que tuvo que aferrarse al borde del marco de madera para no dar la vuelta y golpear a su primo allí mismo.
Fabián se retiró por el pasillo co