Fabián soltó una risa comprensiva, estirando la mano para dar un sutil toque en la punta de la nariz de ella.
—No te preocupes. Al parecer, tu querido jefe no te suelta ni un solo instante. Me acaba de decir que tienes una reunión sumamente importante con él y los socios a las siete de la noche, y que no puedes marcharte.
Lia apretó las manos sobre su libreta, sintiendo que la rabia volvía a encenderse en su pecho. ¿Una reunión? ¿A las siete? Adrián nunca la llevaba a las reuniones de socios pr