El filo de la sospecha
El segundero del reloj de pared avanzaba con una monotonía aplastante. Lia había llegado a la oficina dos horas antes de lo habitual, cuando el edificio de las Empresas Valenti era apenas un esqueleto de cristal en penumbras. Necesitaba ese silencio. Necesitaba que el aire no estuviera contaminado por la tensión que sabía que se desataría en cuanto el resto del personal hiciera su aparición.
Frente a ella, la pantalla de la laptop emitía un brillo blanquecino que acentua