El despertar y la conspiración
El eco de la pasión seguía vibrando en las paredes de la habitación de Adrián, pero de repente, todo se disolvió como humo en el viento. Las caricias, el peso del cuerpo de él sobre ella, el sabor del champán y el reconocimiento del extraño de la máscara... todo se transformó en un destello cegador.
—Lia, hoy serás mía —susurró Adrián con una voz que, por un segundo, sonó como la de un amante y, al siguiente, como la de un verdugo.
Ella cerró los ojos, entregándos