Alessia Vittoria Bellerose
Los días siguientes son una trampa lenta. Bianca se vuelve más amable. Demasiado amable. Me sirve té. Me pregunta si descansé. Me dice que Lorenzo está dolido, que se siente excluido, que papá jamás habría querido vernos enfrentados.
—Devuélvele acceso a algunas cuentas —me pide una tarde—. Solo para demostrarle que aún confías en él.
La miro.
—Está bien.
Bianca parpadea. No esperaba que aceptara tan rápido. Lorenzo tampoco. Pero Dante sí. Desde el otro lado del salón