Dante Salvatore Valcárcel
La lluvia cae sobre Enzo Ferraro como si el cielo también quisiera lavarle la cobardía de la cara. Pero hay manchas que no se limpian con agua.
El hombre está de rodillas frente a nosotros, empapado, temblando, con la capucha tirada a un lado y los ojos moviéndose de Alessia a mí como los de una rata buscando el agujero más cercano para escapar.
No lo encontrará. No esta noche. No después de haberla dejado en un altar. No después de haberle robado dos millones. No despu