Dante Salvatore Valcárcel
—Dante… —susurra Alessia.
Me inclino hacia ella.
—Aquí estoy.
—No mates a Amara.
Cierro los ojos. Por supuesto.
—Alessia.
—No todavía.
La miro.
—Eso puedo prometerlo.
—No… no por ella.
Su voz tiembla.
—Por mí. Necesito entenderlo todo. Necesito… necesito escucharla cuando ya no pueda usar máscaras.
Le limpio la sangre seca del labio con el pulgar. Con cuidado. Como si pudiera borrar el dolor sin tocar la herida.
—Entonces hablará.
—¿Y si no?
Miro por la ventana. La ciu