Alessia Vittoria Bellerose
Despierto con la sensación de que sigo atada. No hay cuerdas en mis muñecas, no hay hierro frío bajo mis dedos, no hay luz blanca sobre mi rostro ni paredes húmedas respirando miedo a mi alrededor.
Estoy en mi habitación de la mansión Bellerose, cubierta por sábanas limpias, con el olor tenue a medicina, jabón y lluvia entrando por alguna rendija de la ventana. Pero mi cuerpo no lo entiende todavía. Mi piel recuerda antes que mi mente. Mis manos se cierran con fuerza