Dante Salvatore Valcárcel
Entro al sanatorio Santa Aurelia con una sola idea en la cabeza. Encontrarla.
No pienso en la sangre que vuelve a empapar el vendaje de mi hombro. No pienso en el dolor que me baja por el brazo cada vez que levanto el arma. No pienso en las órdenes del médico, ni en la fiebre, ni en la posibilidad de caer antes de llegar hasta ella.
Solo pienso en Alessia. En su voz. En sus ojos. En sus labios pronunciando mi nombre sin sonido en aquel maldito video.
La puerta princip