Dante Salvatore Valcárcel
Amara sonríe.
—¿Ves? Así se controla a un hombre como tú. No apuntando a su cabeza. Apuntando a lo único que por fin le importa.
No aparto los ojos de ella.
—Amara.
—No uses ese tono conmigo.
—Suelta el arma.
—¿Y luego qué? ¿Me matas? ¿Me torturas? ¿Me encierras en un sótano como hiciste con todos?
Alessia intenta moverse, pero las ataduras la frenan.
—Amara, basta.
La voz de Alessia está débil, pero firme. Amara la mira con odio.
—Tú cállate.
Eso basta. Doy un paso. A