ARTURO VEGA
Aquella villa parecía muerta con todas las luces apagadas, escondida en medio del bosque. Los autos y las camionetas habían llegado en completo sigilo, acercándose lo más que podían a la propiedad. Para sorpresa del comandante que dirigía la operación, no había nadie protegiendo la entrada ni centinelas rondando el terreno.
—Pareciera que… abandonaron el lugar de pronto o… —comenzó a explicar el veterano entornando los ojos al separarlos de sus binoculares.
—¿Una trampa? —preguntó