ROSA MARTÍNEZ
Héctor me tomó de la mano mientras sus ojos se paseaban fascinados por todo mi cuerpo. Me dio una vuelta para poder verme por completo antes de recibirme entre sus brazos.
—Te ves preciosa… —dijo sin soltarme.
—Y tú muy guapo y elegante —contesté con una gran sonrisa, rodeando su cuello y frotando mi nariz con la suya.
—¿Lista para volverte mi mujer para toda la vida? —preguntó pegando su frente a la mía.
—Lo he sido desde hace ya tiempo… Esto solo es una mera formalidad —conte