EMILIA VEGA
Me senté detrás de mi escritorio y pasé las manos lentamente hacia las esquinas. Era mi consultorio y empezaba mi vida como doctora después de tantos años de estudio y esfuerzos. Esto no solo era motivo de orgullo para mí, mis padres estaban tan felices por mis logros como yo.
Aunque todo era armonía y éxito, siempre llegaba un momento del día donde mi sonrisa se disolvía y Antonio era el motivo. Después de tanto tiempo, de tantos años, lo seguía extrañando. No sé si… lo vi como un