La espesura del Chaco Paraguayo se tornaba más imponente bajo la luz tenue de la luna, la castaña había tomado la decisión de rodear el lado opuesto de la Comunidad, al escuchar la voz de uno de los guardias que la estaba persiguiendo ella avanzó con cuidado, encontró un pequeño camino, entonces ella empezó a correr nuevamente, sus pies golpeando el suelo seco y polvoriento, dejando un rastro de hojas quebradas y ramas agitadas. Su respiración era errática, como si cada inhalación fuera un desa